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Relatos de un Comedero: El indultado

Relatos de un Comedero: El indultado

Enviado por Juan José Lozano el 02-11-2015

Unos metros de tierra, lo convierten en comedero para los jabalines. “Un joven cazador”?y relata el mismo comedero, algunos lances del joven cazador, mientras espera con deseos y ganas, “su ansiado regreso”. Al puesto...
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En estos momentos de tristeza, esperando el pronto y deseado regreso, del joven cazador, “al puesto” quiero recordar lances vividos del cazador, mientras espero su regreso, con los cuales me he divertido y disfrutado mucho...

Con este lance en con concreto, “si que es verdad” el joven cazador, estaba un poco verde, en ésto de los aguardos, “a los jabalines” y tras varias esperas defectuosas, que le hizo al astuto y listo jabalí, de las cuales se la jugo, “en varias ocasiones”.

– Receloso y bastante desconfiado, éste astuto y fino jabalí con el comedero, pero que lo visitaba prácticamente, alguna noche más que otras, cuando el listo y fino jabalí, se aseguraba al máximo del comedero y sus alrededores, entraba confiado, a comer del maíz...

Teniéndole cogidas las horas, al joven cazador, de las muchas veces que lo esperó, era ya imposible sorprenderlo en el comedero, venteaba a largas distancias, los alrededores del comedero y entraba en alguna que otra ocasión, después que el joven cazador, hubiera abandonado el puesto, a deshora. Ya seguro...

– Recuerdo la primera vez, que se aproximó al comedero, con-qué desconfianza y recelos entró en él, he hizo correr, dos jabalines jóvenes, que se encontraban en éstos momentos, comiendo del maíz...?Asustados los jabalines prima-rones, por el acoso sometido durante unas noches, por parte del jabalí indultado, le cogen miedo, hasta tal punto que abandonaron la zona...

         !!Es un flamenco y bastante guerrillero, el indultado¡¡

Estuvo unos días, el joven cazador, estudiando sus posibles movimientos, y comprobando en los mismo, los rodeos que con desconfianza y recelos, daba alrededor del comedero y según como estuvieran los vientos, entraba al comedero...

– No, lo visitaba tan fácil, se aseguraba muchísimo, de los posibles peligros, la primera vez, que se la jugo al joven cazador, fue en una noche del mes de Julio, que se encontraba ésta muy calurosa y soplaban los vientos del Noroeste, había más de media Luna que se encontraba en todo lo alto, de un cielo muy estrellado.

Recuerdo los aguardos que le hizo, y este fue el primero, esperaba el joven cazador, “muy ilusionado” pensando en el posible lance, soportando el. “Rii” “Rii” de un grillo que estaba muy cerca del puesto, “entorpeciendo-le” el escuchar de otros sonidos de la noche.

Los mosquitos, con la noche tan calurosa, en la que se encontraban, estaban insoportable, y por mucho repelente que se roció el joven cazador, no paraban de acudir zumbando, alrededor de su cabeza.

– Ya, habían pasado unas horas, que se fueron del comedero una jabalina que vino acompañada con cuatro jabatos, “observándola” disfrutó con sus presencias y sintiendo el masticar de los granos del maíz, que provocaban bastante ruidos, cuando masticaban todos juntos los granos...

Con fortuna y suerte para el joven cazador, púes en unos de los cambios repentinos del viento, estuvieron muy cerca, de llegarle su temido olor...

– El jabalí indultado, solía acudir más tarde y como se estaban poniendo los aires, seguro, que cuando diera el rodeo para asegurarse del comedero, se toparía con el temido olor del joven cazador...

Lo mejor seria, que se fuera, que lo dejara para otra ocasión, que le acompañen mejor los vientos, porque como lo deteste, sera ya imposible, sorprenderlo en el comedero.

Yo, sufrir ésta noche, por no poder trasmitirle estos pensamientos, pero claro, cuando lo vi que se estaba levantando del puesto, pensé en éstos momentos, “que si” se habían trasmitidos mis pensamientos...

No, habían trascurrido ni una hora, que abandonó el joven cazador el puesto, cuando sentí la aproximación del jabalí indultado, subiendo por el regatón, dirección al comedero, haciendo sus paradas, asegurándose al máximo de toda la zona que rodea el comedero.

– Yo, viéndole como avanzaba, suplicaba a los dioses de la caza, para que no siguiera, avanzando en ésta dirección, porque se cruzaría rápidamente, con los rastros dejado del joven cazador, cuando abandonó el puesto y sería mal asunto.

         !De pronto, un bufido seco y corto¡

Se cruzó con los rastros, mis suplicas esta vez, no tuvieron efecto, se dio la vuelta y se alejó muy despacito, por donde entró.

Hizo “monta” cuatro noches seguidas, fue lo que le duró, el susto al encontrarse con los rastros del joven cazador, la quinta noche, cuando lo sentí aproximarse y lo vi como actuaba, antes de entrar al comedero, sabia de antemano que el joven cazador, lo tenía muy, pero que muy crudo, para poder sorprenderlo en el comedero...

– A la semana, “del frustrado aguardo” me visitó el joven cazador, se alegra, estaba muy contento, reflejando su alegría en el rostro, cuando vio y reconoció, las huellas del jabalí indultado, me recebó con el saco del maíz que traía y con las misma desapareció, por donde vino...

Se fue rápido, “enseguida” sin pararse unos momentos a piste-ar, los rastros dejados del jabalí indultado... Le grité, “fuerte” mientras se alejaba, repetidas veces, que piste-ara un poco las entradas que había tenido, el jabalí indultado al comedero, pero no me hizo, ni pizca de caso. !Nunca lo hace¡

Cuatro días más tarde, lo vi venir y con pasos silenciosos, entrarse en el puesto, aún le quedaba al Sol, una hora para ocultarse, y ya se disponía el joven cazador, disfrutar de la espera, viendo como caía la tarde...?Entretenido con las torcaces, acostumbrada a comer del maíz y que no faltaban ninguna tarde, las miraba, como picoteaban los granos.

Los vientos, estaban estupendamente, “daban de cara” al joven cazador y eran fijos...

          !!Como tienen que ser, pero no, con este jabalí¡¡

Las tres noches pasadas, ante de la espera, me había visitado el jabalí indultado en dos ocasiones, comiendo bastante del maíz, y la pasada noche de madrugada, me visitó una piara que pasaba de paso, pero no llegaron ha quedarse en la zona, por temor al viejo jabalí indultado, al llegarle su olor, en varias ocasiones, poco a poco, se fue apoderando de la zona... !Es, un auténtico egoísta y guerrillero¡

No tardaría, demasiado en subir hacia el comedero, estaba bastante picado con el maíz...

La noche que estaba muy tranquila y silenciosa, se alteró de pronto, con el vuelo precipitado y asustado de una perdiz, sobre la media farda del cerro de los cañizos, mismo frente al comedero.

El jabalí indultado, no suele entrar por esta zona, pensé, que la había espantado otro jabalí, o quizás algún zorro, era un jabalí y estaba bajando, acercándose por la derecha del puesto, para ventearse del comedero, pero se paró, mucho antes de llegar a la orilla del regatón, y mi sorpresa fue mayúscula, cuando vi aparecer al jabalí indultado, se pasó a la otra orilla y siguió avanzando despacio, “tapado” ocultando muy bien su silueta por las jaras y retamas que hay en la zona...

El joven cazador, ya lo había detestado, al sentir sus pasos silenciosos, sobre el pasto seco, estaba sufriendo y bastante preocupado, “era consciente” de como siguiera avanzando, en esta dirección, le llegaría su temido y resabiado olor...

Esto yo, me lo imaginaba, se paró sobre unos setenta metros, ocultándose bien , entres las jaras y retamas, mirando hacia la zona, donde le llegaba, este odiado y temido olor...

Mosqueado y bastante cabreado, “por no poder entrar, a comer del maíz” al ventearse del olor temido de peligros, que le llegaba de la zona del comedero, empezó el concierto de una sonora bronca, dirigida a éste olor, que venteaba del joven cazador, de gruñidos y otros sonidos en tonos altos...

– El joven cazador, más que sorprendido y un poco también asustado, por los sonidos emitidos de pronto, en la tranquilidad de la noche, que provenían del jabalí indultado, se levantó del puesto como un relámpago, se dio la vuelta y empezó a buscarlo con ganas y deseos con la luz del foco, pero era más que imposible localizarlo, “donde se encontraba” púes estaba muy bien camuflado, entre las jaras y retamas que lo ocultaban...

Desconcertado y aturdido el joven cazador, escuchó la bronca del jabalí indultado, durante unos minutos que duró...

Al día siguiente, bien temprano, con las primeras claras del día, lo vi venir piste-ando todos los movimientos, que supuestamente había tenido el jabalí indultado. Yo, viéndole la cara de enfadado que traía, posiblemente recordando la bronca que se llevó por parte del jabalí indultado, le susurre en voz muy baja.

          !Tuviste que haber, estudiado los movimientos, antes de haberte colocado a esperarlo, joven cazador¡ Pero no me oía, aunque le grité, no me escuchó...

Me recebó con el saco del maíz que traía y con un zacho hizo un agujero, no muy grande al lado del comedero, vertió sobre el mismo, unos litros de aceite mezclada y se alejó con cara seria de muy enfadado...

No acudió en dos semanas, en éste tiempo, el agujero que hizo, lo trasformaron los jabalines en una baña y se refregaban y barreaban en ella, una jabalina con tres bermejos y un solitario negro como la mora, con muchas cerdas.

Los meses, de Mayo, Junio y Julio, las bañas de aceite mezclada, le comentó un amigo que la suelen tomar con frecuencia, por los muchos parásitos que los atormentas, con sus picaduras. !Son en estos meses, muy efectivas¡

– El jabalí indultado, que se presentó a los ocho días, y dio más rodeos que un perro perdido en una feria, antes de entrar al comedero y esta misma noche, tuvo un enfrentamiento con el solitario serranito, aquerenciado con mi vecina baña, que también tiene su poderío.

El joven cazador alucinaba, viendo el hoyo que hizo, trasformado en una baña muy tomada, la sorpresa que se llevó fue muy buena...

Y le llamó, la atención, “unas huellas” que observándola detenidamente, le recordó las huellas del jabalí indultado, por su gran parecido, y ya sus visitas, fueron más frecuente, piste-ando la zona del comedero.

– Yo, sabía como podía, sorprender al jabalí indultado, si pudiera comunicarle que es el mismo jabalí y como podía sorprenderlo, pero claro esto es. “Imposible”.

          !Nunca me escucha, por mucho que yo le insista¡

Llevaba más de dos semanas, acudiendo prácticamente todos los días, estudiando los movimientos de los jabalines, en los recorridos que hacía, hasta el comedero y vecina baña, y cada vez, estaba más obsesionado y convencido, que una de las huellas que se marcaban en la baña, eran del jabalí indultado...

          !!Asín, se lo hacía de saber, su instinto de cazador¡¡

En las observaciones, que tenía prácticamente a diario, comprobó tras varios días de pisteo, que uno de los jabalines, subía por el regatón, sin salirse de él, derecho al comedero, lo tenía fácil, con los vientos del Norte.

– El supuesto jabalí indultado, lo tenía muy difícil y complicado, al observa en el pisteo, la cantidad de rodeos que daba, antes de entrar en el mismo, y observando sus huellas, varias mañana, “detrás del mismo puesto” lo tenía bastante complicado, para poder sorprenderlo en el comedero...

El joven cazador, estaba cada vez más obsesionado, con las observaciones y cada vez más convencido, que las huellas que veía en la baña, eran del jabalí indultado, por su gran parecido. Con su amor propio, “muy herido” recordando la bronca que se llevó, cuando lo detestó, se obsesiona con cazarlo...

– Una mañana, bien temprano, de las muchas mañanas que estudió los movimientos de los jabalines, se paró en una encina que hay detrás del puesto, un poco alejada del mismo y fuera de tiro de él, arropado su tronco con ramas bajeras, metido entre las ramas, estaría completamente camuflado con el entorno, el joven cazador, ”me quedé, admirado” incluso llegué a pensar, si le había trasmitidos mis pensamientos, por la emboscada que le estaba preparando al listo y fino, jabalí indultado...

          !Su recelo y desconfianza, seguro que lo conducirán, “a ella”¡

El joven cazador, muy impaciente, tuvo que esperar tres días, para poder esperarlo en el puesto improvisado, por los vientos, que no le acompañaban, en estos días, no cambió nada la situación de los jabalines, en su recorrido hacía el comedero, seguían igual...

– En el puesto improvisado, oculto entre las ramas bajeras, estaba perfectamente camuflado, el joven cazador, esperando con mucha ilusión y fe, al supuesto jabalí indultado, con más de media Luna que había, en todo lo alto de un cielo muy estrellado, en éstas noches. “Mágicas” que iluminaban el entorno, en unos bellos tonos blanquecidos y lechosos, se veía perfectamente...

El solitario serranito, negro como la mora, pronto visitaría mi vecina baña, bueno si más pronto lo pensé, más pronto se presentó, vino subiendo por el regatón, bastante confiado, solo se paró dos veces, para asegurarse del comedero, estaba bastante picado y aquerenciado con el comedero, pero sobre todo, “con mi vecina baña” se paró unos momentos en la orilla del claro, antes de dirigirse hacia la baña.

– El joven cazador, también lo había detestado, y por la manera que tuvo de entrar al comedero, “sabía” que no era el que estaba esperando.

Avanzo derecho hacia la baña, se dejó caer y empezó a revolcarse, rascándose los costillares y jamones, con la dureza de la tierra imple-nada, de aceite mezclada.

Apenas hacía ruidos, revolcándose, se levantó y se dirigió al tronco del alcornoque vecino, donde se refregó contra él... Sin más, se dispuso a comer del maíz, provocando bastante ruidos, masticando los granos del mismo.

Pasaron unos minutos, “tensos” sintiendo el masticar del maíz, sin poder ver el jabalí, por la gran distancia que se encontraba de él, y encima, oscurecía aún más el comedero, las sombras de las encinas, proyectadas por la luz de la Luna.

Observé, que se paraba muchas veces, dejando de masticar y levantaba la cabeza venteando, se notaba que estaba muy intranquilo, seguro que había detestado, la aproximación del jabalí indultado.

          !!De pronto sin más, dejó de comer¡¡

Y se alejó del comedero, caminando muy despacio, regatón arriba. Yo, estaba muy pendiente ya, del jabalí indultado, seguro que no tenía que estar muy lejos, enseguida lo sentí y me sorprendió, viéndolo venir, subiendo por el regatón, derecho hacía el comedero, pensé por unos momentos, si era otro jabalí.

– Pasó alejado del comedero, por la izquierda, el joven cazador, desde lo lejos, gracias a la claridad de la Luna, pudo ver el bulto negro, moverse por el regatón.

          !Y era, el jabalí indultado¡

Estaba dando el rodeo, alrededor del puesto por la izquierda, muy desconfiado, hacía bastante paradas, en el recorrido hacia el comedero, parándose con frecuencias, en las sombras de las encinas, iluminadas por la Luna, asegurándose al máximo de los posibles peligros, de la zona del comedero y vecina baña, pero cada vez, se aproximaba más, poco a poco, al puesto “improvisado” donde se encontraba el joven cazador, ”esperándolo”. Ya, prácticamente, “lo tenía a tiro” pero esperó con bastante paciencia, que se acercara aún más, para asegurarse mejor el disparo, se paró en la sombra de la encina, que se encontraba a tan solo, diez metros del joven cazador.

– Levantó la cabeza, venteando la zona del comedero. Yo, que me encontraba muy nervioso y tenso, un poco desconcertado, no me explicaba que estaba esperando, el joven cazador, “para disparar-le” púes el jabalí tenía la muerte. !Ay¡...

          !Estaba a tan solo diez metros y cruzado¡

Estos segundos, llenos de mucha tensión, se me hicieron una eternidad, esperando impaciente, escuchar el disparo, del joven cazador...

– Y, en estos precisos momentos, tan tensos y llenos de adrenalina en-que “me encontraba” de pronto, escuché unos gritos...

Muy, pero que muy fuerte, del joven cazador, descargando en ellos, toda la tensión que tenía acumulada...

          !Ayyy¡ Ayyy... Baaaaa... !!El guarroooooó¡¡

El jabalí indultado, “al griterío” salió como alma que se lleva el diablo, y pasó casi rozando el improvisado puesto del joven cazador, en su alocada y asustada carrera... Viendo abobado, “como corría” el jabalí indultado, escuché, unas risas y carcajadas del joven cazador...

Y, que no paraba de reírse, a carcajadas limpias, y Yo, sinceramente, no me explicaba lo sucedido, pero tenía que ser muy divertido, porque el joven cazador, no paraba de reírse.

– Más tarde, ya más tranquilo, en el silencio de la noche, meditando lo sucedido, comprendí su actuación... !Disfrutó más, viéndole correr¡... Ganándole la batalla, de haber conseguido engañarlo, que de haberlo matado...

Solamente contemplé, un lance de esta manera de ejecución, del joven cazador.

         !!!Mi creador¡¡¡...

 

Texto y pinturas: Juan José Lozano


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