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Batidas de jabalí en Almogía

Batidas de jabalí en Almogía

Enviado por Montero el 08-11-2014

Una vez  más he podido disfrutar de una de las monterías que cada año se celebran en Almogía. Como viene siendo habitual los últimos años, las cuatro monterías se desarrollan de forma consecutiva. Jueves, viernes, sábado y domingo. Casi nada.
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Una vez  más he podido disfrutar de una de las monterías que cada año se celebran en Almogía. Como viene siendo habitual los últimos años, las cuatro monterías se desarrollan de forma consecutiva. Jueves, viernes, sábado y domingo. Casi nada. Cuatro días seguidos monteando. No quiero ni pensar lo que el orgánico tiene que pasar durante esos días. Conociendo como conozco a Juan José Jiménez sé que esos días, así como los días previos, ni duerme. Amén de las noches en vela durante varias semanas antes (por no decir meses) controlando las manchas para que no se las chanteen ni se la echen por alto. Por eso es de agradecer el esfuerzo realizado para que los resultados que se obtienen sean tan satisfactorios.

Los resultados, hablan por si solos:

- Jueves 30 de octubre: 17 puestos – 0 jabalíes

- Viernes 31 de octubre: 32 puestos – 31 jabalíes (9 bocas). A destacar dos puestos que hicieron doblete de verracos.

- Sábado 1 de noviembre: 47 puestos – 18 jabalíess (5 bocas a destacar una de ellas. También hubo un puesto con doblete de verraco).

- Domingo 2 de noviembre: 41 puestos – 17 jabalíes (4 bocas destacando dos de ellas).

Aproximadamente el 70% de los jabalíes abatidos fueron machos y el 30% hembras.

Durante los cuatro días, dos nuevos monteros se hicieron novios, llevándose a cabo el protocolario noviazgo con los monteros veteranos como maestros de ceremonia. Bajo estas líneas podéis ver uno de los momentos del noviazgo de uno de los nuevos monteros.

En esta foto se inmortaliza la entrega de un Diploma a María José, premiandola por su afición, como joven montera y reconociendo sus méritos como montera y rehalera, a pesar de su juventud. Todo un orgullo para un padre:

 María José con el Diploma que le reconoce como montera a pesar de su corta edad, con Juanjo "el cántabro" a la izquierda de la foto y Juan José, el padre, a la derecha.

Aunque Juan José esté contrariado por no haber superado los resultados de los años anteriores, los cuales eran realmente espectaculares, tanto en calidad como en cantidad de reses, no es menos cierto que debe estar muy orgulloso porque los resultados obtenidos han sido muy buenos. No hay que olvidar que se trata de fincas abiertas. El trabajo bien hecho se demuestra cuando año tras años, los monteros repiten y  reservan los puestos de un año para otro.

Como no podía ser de otra forma, el ambiente que se vive en estas jornadas cinegéticas es extraordinario, algo por otro lado lógico cuando se montea entre amigos. No faltó a la cita el grupo de los “cántabros”, grandes aficionados y cazadores con mayúsculas.  Todos los años se cruzan España de punta a punta para compartir estos días de caza. La caza del jabalí en Cantabria es totalmente diferente a como se vive en las monterías en Andalucía, tal y como me estuvieron explicando durante el desayuno previo al sorteo uno de los días de caza.

En cuanto a mi experiencia particular, como os digo estuve un día. El domingo. Fui con mi padre, que no pudo acompañarme el año pasado y que no quería perderse esta montería por nada.

En torno a las 8:15 pasé por casa a recogerlo y ya me estaba esperando puntual con todos los bártulos preparados en el coche. En poco más de media hora estábamos ya en el lugar establecido para el desayuno, sorteo y la junta de carnes. Mientras cogíamos fuerzas con una café y un bocadillo, saludamos a los amigos y esperamos el sorteo. El día, en cuanto a lo meteorológico se refiere, respetaba.

Llega el sorteo y me toca el puesto 4 de la armada de “La Carretera”. ¡Qué bien! ¡La monta mi amigo Javi. Y además el puesto contiguo al suyo. Cogemos los coches y sin perder tiempo salimos hacia las posturas.

Dejamos al 1, al 2, al 3 y legamos a nuestro puesto. Javi nos da las indicaciones oportunas y se marcha hacia su puesto. Una de las cosas que más me gusta de estas monterías son los puestos y los tiraderos. Y es eso, que tienen tiradero para dar y regalar. Tiraderos amplios. Uno está totalmente tranquilo en su puesto de que si entra algo sólo lo va a tirar él. Donde te puedes recrear y disfrutar del lance. Y donde sobre todo prima la seguridad.

Aquí un par de videos de mi puesto:

 

Pues bien, no había pasado ni media hora desde que nos colocamos, cuando escucho varios tiros que parecían venir del puesto de Javi. Por el sonido de los últimos tiros me da la impresión de que lo que sea se dirige hacia nuestro puesto. De buenas a primeras vemos que asoma por la parte de arriba y a nuestra derecha un cochino blanco tremendamente grande.  Cruza un claro y fallo el primer  tiro. Se mete en el matorral y lo pierdo. Va cruzando de derecha a izquierda por el testero de enfrente por la parte alta. Lo busco con el visor y lo veo por un claro. Le sacudo el segundo y parece que lo engancho.  Tras el tiro cambia de dirección y baja. Se vuelve a perder entre el matorral. Cuando lo veo de nuevo le sacudo el tercer tiro y da la impresión de que lo engancho otra vez. Mi padre me dice que le he dado, que se ha quedado allí. En esa zona está el matorral muy alto y no le vemos. Nos quedamos mirando pero ni se mueve una mata ni se oye nada. Parece que si! El tercer tiro era definitivo. Me llama Javi y le cuento la película. Él cree que en alguno de sus tiros también se llevó rasca el cochino. Le digo que creo que está allí muerto. Y me felicita.

A la media hora, yo sigo mirando al frente, y mi padre, que miraba hacia el testero de la izquierda, dice de buenas a primeras “!!José!!”, miro a la izquierda y conforme me estoy girando escucho el ruido de matas crujir. Es un cochino que da la impresión de haber estado allí encamado y en ese momento sale del encame pegando un bote de unas aulagas.  No le doy mucho tiempo y en cuanto lo meto en la mira, entrejarado, apunto al codillo, y... PUM!!! Seco.  Menudo tiro. Se ha quedado en el sitio. Mi padre me felicita. Estoy convencido que ha disfrutado con el  lance incluso más que yo!. A través del visor pude verle una mancha negra en el costado derecho. Parecía un cochino cruzado.

Llamo a Javi para contárselo. “¿Has ido tú el del tiro?” me pregunta. “Si, jeje, se ha quedado ahí, seco”, le respondo. “¡¡Marica, qué suerte!!. ¡¡Estás triunfando hoy!!”, me vuelve a felicitar.

Continúa la montería y cuando se acercan los perros a nuestra armada levantan una piara que podría estar a la altura del puesto número 2 ó 3. Las rehalas avanzaban de izquierda a derecha a la altura de nuestro puesto. En esto que los perreros avisan de que se ha esturreado la piara y vemos que nos entra un cochino pequeño, un primal, por le testero de la izquierda. Lo veo y lo pierdo. Ahí está el monte muy cerrado. Lo vuelvo a ver y le tiro. Lo fallo. Lo pierdo entre el monte. Lo veo. Lo busco con el visor pero no doy con él. Joder. Ahora! Le tiro pero lo vuelvo a fallar. Sigo pendiente del monte pero fue más rápido que yo y se pierde. A lo lejos veo como se sale de la mancha cruzando la carretera. Vaya! No podía ser todo perfecto!

Cuando tengo a uno de los rehaleros avanzando por el testero de la izquierda le aviso de que hay un cochino muerto allí  (el segundo que tiré) y que debe haber otro en el testero de enfrente (el primero). El segundo que tiré me lo marca y me dice que es un cochino grande, que tiene un tiro en la mandíbula y que tiene otro tiro en la pata. Me quedo rayado. ¿¿Dos tiros?? ¿¿¿Si yo sólo le he tirado uno y se ha quedado tieso en el sitio??? ¿¿Eso cómo va a ser??.  Mientras yo sigo con mi rayada mental se acerca a donde debería estar el primero que tiré, pero no ve nada por allí. Busca durante un rato y mete los perros pero ni rastro. Joder. Pero si el cochino estaba ahí. Llamo a Javi, y llegamos a la conclusión que podían ser los dos el mismo cochino, pero que de todas formas, cuando terminara la montería íbamos a pistearlo.

Me pego toda la montería pensando. ¿Será el mismo? ¿pero si ha pasado casi media hora entre uno y otro y no he escuchado ningún ruido? Y además desde donde supuestamente tenía que estar muerto hasta donde he tirado el segundo hay un trecho. Tenía que bajar un tramo del monte que tenía delante, cruzar un arroyo y pasarse a la loma de mi izquierda. Todo eso sin hacer ningún ruido y sin darnos cuenta ni mi padre ni yo. No puede ser. ¿Pero qué otra explicación había?.

Total, que termina la montería y mi padre se va a buscar al cochino blanco, el primero. Donde pego el segundo tiro ve sangre y me avisa. Aquí hay sangre! Sigue el rastro de la sangre, pasa por donde pegué el tercer tiro y más sangre. No se ve el cochino, pero el rastro lo lleva directo al arroyo. Estaba claro. El cochino, herido, se nos había zorreado en nuestra cara y no nos habíamos coscado. Posiblemente no nos dimos cuenta por el matorral, alto y denso, y por el viento, que en esos momentos soplaba y que pudo impedirnos oir algún ruido. En cualquier caso, el cochino nos la jugó y tuvimos suerte de que después saliera por el otro tiradero y pudiéramos verlo y tirarlo.

Esperamos a que llegara Javi con su hermano y nos ayudaron a sacar el cochino de allí. Pesaba en torno a los 100 kilos. Una bestia. Color blanco, con una mancha negra en el costado derecho. Tenía por lo menos tres tiros pegados. Uno en la mandíbula inferior. Otro en la mano. Y el del codillo. Con ayuda del quad de Jorge pudimos cruzar el cochino de un lado al otro del arroyo. Desde allí, ya con el coche de Juan José, se llevaron el cochino a la casa donde tenía lugar la comida.

Probablemente alguno de los tiros que llevaba el cochino fuese de Javi, ya que me dijo por teléfono que pensaba que lo había tocado. Por eso durante la comida se lo dije: “Javi, el cochino tiene tres tiros. Posiblemente uno de ellos sea tuyo. Si tú crees que le has dado, el cochino es tuyo”. No me dejó ni terminar de decir esta frase cuando me corta y me dice: “Qué coño Jose! el cochino es tuyo. Tú lo has matado. Puedes estar muy tranquilo que el cochino es tuyo. Aunque le hubiera dado en la mandíbula o en la mano, el cochino se habría ido. Si no llega a ser por el tiro tuyo de codillo el cochino se va y se pierde herido y se muere de hambre”. Esas mismas palabras eran ratificadas por su hermano.

Sabiendo lo que dice la ley de la sangre (el que hace la primera sangre es el dueño de la res abatida) no me habría sentido bien conmigo mismo sin habérselo dicho a Javi. Pero como nos dijo Juan José, la ley de la sangre es una cosa, pero la ley de los amigos es más fuerte. Así que, gracias a que el que estaba en el puesto de al lado era Javi, no hubo discusión alguna por el cochino.

Ahí os dejo unas fotos de la montería del domingo y del cochino blanco (cruzado) que tuvimos suerte de cazar en nuestro puesto:

  

 

En estas tres fotos de arriba podéis haceros una idea de cómo era el jabalí.

 

Aquí con mi padre y el jabalí

Aquí con mi amigo Javi

Uno de los buenos cochinos del domingo

Y aquí un montaje muy chulo elaborado por Lidia, la mujer de Jorge, del bar “El Coco” de Almogía, y algunas fotos más de los cuatro días de monterías donde se resumen los resultados y el buen ambiente reinante:

 

  

 

Y ya por último, os dejo también, para quiénes queráis verlos, los enlaces de los reportajes de las monterías de Almogía de los últimos años:

- Monterías Almogía 2012

- Monterías Almogía 2013

 

Espero que os haya entretenido. Hasta el año que viene!

 

Montero

 


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