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Cargando vientos.

Cargando vientos.

Enviado por Edición y recopilación: Javier C el 27-07-2011

Creo recordar que por aquellas fechas, ( Diciembre - Enero ) había llovido muy poco y solía correr un aire de esos que si no te  lastras los bolsillos con piedras, puedes salir volando. Como de costumbre me fui a recoger a mi "amiga" Cuca con la intención de dar unas "manitas" y darle marcha a los "pinreles" ( pies ).
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Creo que fue hace dos o tres años cuando ya la temporada estaba terminando y cuando las especies cinegéticas ya conocen no sólo las marcas de las escopetas, sino hasta el tipo de cartucho que llevan en la recámara.
Creo recordar que por aquellas fechas, ( Diciembre - Enero ) había llovido muy poco y solía correr un aire de esos que si no te  lastras los bolsillos con piedras, puedes salir volando.
Como de costumbre me fui a recoger a mi "amiga" Cuca con la intención de dar unas "manitas" y darle marcha a los "pinreles" ( pies ).
Recoger a la perra, tomarme un cafelito, repostar y con la calefacción a tope salí para el coto.
Venía dándole vueltas al "coco" de cazar la Sierrezuela de forma distinta a como siempre la he cazado. En lugar de empezar por todo lo alto e ir bajando, esta vez empezaría por la canterilla chica e ir subiendo hacia la cresta.
El problema eran los cartuchos.
El guarda nos venía diciendo que por las mañanas se estaban moviendo en cantidad los zorzales así como algunos bandillos de torcaces.
El subir cargado con un par de cientos de cartuchos, cantimplora y resto de "apechusques" la verdad, no me hacía ni "repañolera" gracia, pues aunque sea malo tirando, algo se suele meter en el morral y dos o tres "rabonas" sería para reventarse las piernas.
Llamé al guarda y le dije que por la zona de los almendros viejos que van al raspil de la linde con el coto social, en un majano grande pegado a una vieja higuera, me dejara más cartuchería.
Salimos Dª Cuca y servidor hacia las coscojas y como de costumbre la Sra. como una vieja maestra comenzó a impartir sus clases de cinegética.
Carrera larga, larga, cabeza arriba cargando vientos.
Vuelta laceando y con los hocicos "casi" pegados al suelo.
A una distancia más que respetable, vi como los "rabiblancos" se escurrían hacia sus "huras" ( madrigueras ) y alguna que otra "orejona" ya se estaban marcando un trote más que suficiente para que ni la perra ni la escopeta, les pusieran en apuros.
Perdices ni olerlas.
La Sra. no paraba, una perfecta máquina.
Empezaba a ponerse nerviosa con tanto rastro fresco de los "rabiblancos" pero no era capaz de parar ni de señalar ninguno.
Visto lo visto, me fui desplazando hacia la linde del coto y más concretamente buscando el arroyo grande y la zona de "tarajes".
Mas de una hora sin pegar ni un tiro y habiendo visto más caza que D. Paco en cien temporadas. Hasta las narices.
Nada más llegar a la zona de los tarajes, la "máquina" vi como le entraba como una especie de "tiritera" y como su andadura cada vez era más lenta y con mas sigilo, fue

pasar  un "regajo" con todo lleno de brozas y quedar la perra como una estatua.
Su pequeño "rabillo" no dejaba de moverlo en una máxima tensión y la muestra más bien parecía la de un pointer que no la de una pequeña "bretona".
Fui  un poco sádico, lo reconozco, no acudí rápido, dejé correr el tiempo y observar cómo se desenvolvía la perra. El animal, pasados cerca de diez minutos, empezó a volver la cabeza y con sus ojos me decía que dejara de hacer el "tonto" o cosas peores.
La adrenalina volvió a apoderarse de mí, rompí la muestra y allí no saltaba nada, nada de nada. La verdad es que estaba super sorprendido, no era normal ni lógico un fallo de la "veterana".
Estando en estos pensamientos, la perra que da un brinco y se tira de cabeza a un montón de brozas pegadas a un enorme taraje. Fue entrar la perra y aquello sonó como un cañonazo. Al menos diez o doce patos salieron de “estampía”.
Pum, pum, pun en un abrir y cerrar de ojos. Dos azulones plegaron sus alas y fueron a caer en el centro de toda la broza. Me senté en el suelo y dejé a su "excelencia" que realizara su trabajo. Había momentos que ni la podía ver; brozas muy altas y perra muy pequeña. Al poco aparece con un "azulón" en la boca.
Hace una magistral entrega y sin decirle nada, sale de “estampía” a localizar el otro.
Al poco vuelve con el segundo. Dios !!!!!
Esos momentos son únicos. No te cambias por nada ni por nadie.
Como a un kilómetro o algo mas, ya se empezaban a ver a los zorzales de moverse.
Seguí y aquello fue  el "despiporre". Salían zorzales de los tarajes a "mogollón".
Pero salían endiabladamente rápidos y haciendo unos zig-zag de auténtico vértigo.
Tal vez haya sido uno de los días en que me supe reportar y no tirar a aquellos que podían caer sobre las brozas. Total que en el recorrido largué toda la munición y tuve que llamar por el móvil para cambiar los planes. La perra no me perdió ni uno.
Zorzal que pasaba a mejor vida, zorzal que en unos segundos lo tenía en su boca.
En un fuerte recodo, un apretado de lentiscos dando casi a la salida natural al monte.
Estaba esperando más munición cuando veo que la perra sale "derechita" como una vela, sin enmendarse lo más mínimo. Llegar a los lentiscos y quedar nuevamente de "muestra". Otra vez te empieza a entrar ese clásico hormigueo y pierdes la noción de todo lo que te rodea. Antes de llegar a la muestra, sentí el ruido que hacen las perdices al romper en su salida. Un viejo macho salió en un vuelo cuasi-cuasi vertical, pum-pum-pum y en el último quedó "seco" en el aire.
No había hecho más que largar el último "pepinazo" cuando el resto de la banda salió de “estampía”. Perdices por todos lados. Y yo con cara de "gilip....as"
Y para colmo de los colmos eran mis tres últimos cartuchos.
Cobra la perra y me siento a esperar que me traigan más "artilugios" de hacer ruido.
La madre que parió !!!!
No habrían pasado ni tres cuartos de hora, y aquello parecía una feria de zorzales.
Altos, bajos, sin hacer ningún zig-zag. Me comían.
El resto de la banda de perdices se partían las pechugas cantando y yo teniendo que sujetar a la perra.
Llegó el guarda y pensándolo mejor me fui en el 4x4 hacia la sierrezuela.
Sólo que a media cimbra, estaba ya algo cansado y el hombro bastante "pegado" ya que entre "picos y micos" había largado casi un centenar de tiros.
Dos patos, un "machaco" viejo-viejo con más espuelas que un rejoneador y veintitantos zorzales.
Me llevaron al la zona de los viejos almendros e higueras. Casi más de media cimbra.
Entramos en los almendros y sin que la perra lo advirtiera, de mis pies salta un "cojonero" pum-pum-pum, "va ud. con Dios" ni un plomito. Ya estoy curado de espanto, no me causa ningún malestar. No les doy y no les doy. Ya está.
Durante los momentos que duró el lance, dejé de observar a la perra.
Cargo y al salir andando veo a la perra de muestra.
Llego, rompo muestra y una "inmensa-tremenda" rabona que sale recta, recta, recta.
De esas que te recreas con la salida y que la tienes en el morral sin disparar.
Pero ya-ya. Pum-pum-pum y en el último vi cómo hacía un extraño.
Le perra se despistó y no daba con la "corrida" de la orejona.
La puse sobre los rastros y salió como un "obús" con su pequeño "hociquillo" pegado al suelo. Fue digno de ver. La vieja liebre le jugó mil y una jugarreta.
Tenía una mano y sobre todo una pata destrozada del tiro, no obstante el animal hizo honor a sus años y experiencia. Calculo que más de media hora.
Yo en lo alto de una encina viéndolo todo, lástima de una buena cámara de video.
Al final la veterana Cuca la pudo agarrar con sus dientes y me la trajo de tal forma que aunque esté feo decirlo, le di una ovación por la faena que había realizado.
Hasta llegar al cortijo, lo de siempre, ver mucha caza, pero solo VER.
Tan sólo un conejo y una liebre que "pasaban" por allí fueron al morral.
Cuatro o cinco bandos de perdices se volaron, a los olivos, claro.
La perra viendo el tema y como era costumbre en ella, se puso detrás de mí.
Era su señal.
Por su parte había terminado su jornada cinegética, ya sabía yo que a partir de ese momento, nada de nada. La Sra. había dicho BASTA !!!
Al cortijo. Cervecita, algo de picar y para la casa. No fue mal día. Pudo ser mejor. También pudo ser peor. Fue lo que fue y basta.
El hombro terminó con un "moratón" de los de "aúpa".


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