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El peligro de la bala perdida

El peligro de la bala perdida

Enviado por montero el 27-10-2010

En Extremadura hay 15.000 cazadores registrados y 94.000 licencias. Para algunos es un deporte, para otros una forma de ocio y para muchos una pasión que tienen la oportunidad de desarrollar en una comunidad con gran riqueza cinegética.
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En Extremadura hay 15.000 cazadores registrados y 94.000 licencias. Para algunos es un deporte, para otros una forma de ocio y para muchos una pasión que tienen la oportunidad de desarrollar en una comunidad con gran riqueza cinegética.

Sin embargo, cada temporada hay al menos una fecha negra en el mundo de la caza, porque uno de esos aficionados no vuelve a casa. Los accidentes mortales son escasos, pero siempre se producen en circunstancias similares: una bala perdida en una montería.

Luis Miguel, de 25 años, ha sido el último aficionado extremeño en sufrir un percance mortal. Fue este sábado a 13 kilómetros de Guadalupe, en una finca del término municipal de Alía. Según parece, este joven, gran apasionado de la caza, no recibió un impacto directo de rifle, sino que lo alcanzó una bala rebotada.

Sólo ocho meses antes, Extremadura tuvo que lamentar otra víctima en circunstancias similares. Un hombre de 49 años, vecino de Puebla de Alcocer, falleció en una montería en la finca El Berrocal al recibir un disparo en la cabeza.

Este año ya son dos los fallecidos, un balance negro pero habitual, ya que cada temporada suele dejar entre una y dos víctimas por accidentes de caza en la región.

«En Extremadura son escasos. No hay tantos como en el norte o en otras zonas. Suelen ser una media de 1,5 accidentes con muerte por temporada», explica Rafael Domínguez, presidente de la Federación Extremeña de Caza.

A pesar de todo, Domínguez cree que estos accidentes podrían evitarse, ya que todos se producen de forma similar. «Suelen ser en monterías porque se usan rifles y se dispara a larga distancia».

Además, el presidente de la Federación Extremeña de Caza lamenta que no todos los que acuden a las monterías tienen la experiencia necesaria. «Algunos están deseando que algo se mueva y disparar. Hay que dejar muy claro que es necesario visualizar la presa antes de realizar el tiro».

Salir del puesto

También es habitual en los accidentes mortales que los cazadores abandonen el puesto para comprobar si su disparo ha alcanzado a la presa y cuando dejan la protección reciben un disparo. Este fue el caso de Sergio, de 26 años de edad, en 2007.

Estaba en una montería en la finca Benavente, en Zarza la Mayor. Un amigo realizó un disparo y Sergio salió del puesto para comprobar si había dado al blanco. Entonces recibió un fatídico disparo en la cabeza porque otro cazador lo confundió con una pieza.

«Se podrían evitar este tipo de accidentes», añade Domínguez con pesar. En este caso, la norma es sencilla: nunca se debe abandonar el puesto hasta que no se produzca el aviso de que la montería ha finalizado.

También es básico visualizar tanto el puesto de la derecha como el de la izquierda y nunca disparar al interior de la mancha porque es donde más posibilidades hay de que se muevan los compañeros de la cacería o los guías.

Más allá de las precauciones personales, el máximo representante federativo cree que Extremadura necesita una nueva ordenanza que obligue al uso de un chaleco reflectante cada vez que los cazadores caminen por el monte fuera de su puesto. Estos chalecos son obligatorios en otras comunidades como Andalucía.

«Todos los que se mueven del puesto, incluso los realeros, deberían llevar un chaleco reflectante. Serviría para que otros cazadores no pudiesen confundir a las personas con las presas y podría evitar accidentes», asegura Rafael Domínguez.

Por último, aunque la mayoría de los accidentes se deben a disparos fortuitos de compañeros, también hay otros incidentes que se deben tener en cuenta.

Por ejemplo, se ha dado el caso de cazadores que se han herido con su propia arma al rebotar la bala contra alguna piedra. También cuando se ha obstruido el cañón. En todo caso, La norma básica de seguridad es la misma en todos los casos: prudencia.

El peligro de la bala perdida

Rehalas de perros con los perreros

FUENTE: Hoy.es


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