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La berrea en Nueva Zelanda, demasiado pronto

La berrea en Nueva Zelanda, demasiado pronto

Enviado por Miguel Gómez Sel el 23-03-2011

Aunque en Nueva Zelanda se puede cazar el ciervo rojo durante todo el año, es ahora, a finales de marzo cuando realmente los nervios se intensifican, la berrea o celo del ciervo empieza de la mano de la bajada de las temperaturas.
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Aunque en Nueva Zelanda se puede cazar el ciervo rojo durante todo el año, es ahora, a finales de marzo cuando realmente los nervios se intensifican, la berrea o celo del ciervo empieza de la mano de la bajada de las temperaturas.

Así la semana pasada recibimos una llamada de uno de los operadores de caza con los que trabajamos, Wanganui Safaris,  nos llamaron con la grata sorpresa de que la berrea estaba comenzando. Sin dudarlo Harald, Chris y yo, cogimos lo indispensable y nos pusimos en marcha hacia la finca.  Esta reserva de caza se encuentra a la entrada del Parque Natural de Wanganui, a unas dos horas y media de nuestra base en Palmerston North. Llegamos hacia las 4 de la tarde, hacía un día precioso aunque con mucho más calor de lo que nos hubiese gustado.

Al entrar en la finca nos encontramos con James, el guarda mayor y experto guía de caza con más de treinta años de experiencia. Nada más encontrarnos su cara lo decía todo, había unos cazadores americanos de Alabama que habían recechado con arco un bonito venado, él calculaba que de unos 380 SCI (oro alto), pero no lo habían encontrado, el tiro había sido bueno pero no conseguían dar con él. Éste fue a recoger a los cazadores y nos reunimos todos en el lodge. Allí, tras la ronda de presentaciones, nos tomamos un café y decidimos unirnos a la búsqueda, no teníamos mucho más que hacer, habría que esperar al caer la tarde para ver la berrea.

Fuimos al tiro, repasamos cada mata y seguimos el rastro… Fuimos andando despacio porque el venado podría estar echado poco más adelante, entramos abiertos repasando cada arbusto cuando de repente me encuentro delante un venado precioso mirándome entre los helechos, me quedo petrificado y empiezo a mirarlo detenidamente. Al principio creí que podría ser el venado herido pero, con la descripción que me habían dado, no concordaba, el venado debía tener en la cuerna derecha una palma deformada con las puntas unidas en forma de pala, según ellos, no tendría problemas en diferenciarlo. Me quedé mirando al venado y él mirándome a mí, y cuando hice el más mínimo gesto para comunicar lo que estaba viendo por la radio, se levantó y corrió majestuoso monte abajo, era evidente que no era el venado herido.

Seguimos andando y batiendo el monte. Después de andar un kilómetro y medio desde el tiro llegamos a un collado, el animal debía haberse metido en unas cañadas frescas que había a continuación, encontramos dos pequeñas gotas de sangre al cruzar el carril, todo indicaba que podía estar allí.

Como íbamos buscando sangre por todas partes y mirando al suelo, me percaté a unos diez metros de la vereda que seguíamos, de un “algo” que parecía un desmogue de gamo, me acerqué y cuál fue la casualidad de que no sólo era un desmogue sino que estaba la cuerna completa, el animal había muerto en ese mismo lugar y resultó ser un precioso ejemplar que sin duda era medalla de oro, un regalo para el salón del lodge.

Aun no habíamos encontrado el bicho, pero todo indicaba que podía estar cerca. Nos metimos en la cañada despacio mientras que otros se colocaron a la salida por si arrancaba. De pronto otro tropel monte arriba, resultaron ser una gamas que estaba allí encamadas… El tropel se intensificó y justo en el viso aparecieron dos venados preciosos, no tan grandes como los anteriores pero de una calidad estupenda, cuernas abiertas, muy parejas y gran grosor. Se quedaron en el viso mirándonos por un minuto y volcaron.

Más contentos no podíamos ir, estábamos pisteando pero no dejábamos de disfrutar en cada paso que dábamos. Habíamos perdido la sangre y estábamos algo desilusionados, si no había sangre, o lo pisábamos y lo encontrábamos, o lo tendríamos que dejar en el monte, una pena que no se podía permitir.

Avanzamos esta vez más abiertos y uno de los cazadores americanos se situó al salir de la vaguada en la que estábamos metidos, aproximadamente a un kilómetro más delante de donde estábamos. Levantamos otros venados más pequeños y cada vez que uno corría se te ponía el corazón en la boca, los veías correr y de nuevo un sonrisa en la boca.

Pasados unos minutos, metidos en plena cañada, escuchamos un disparo suelto… El venado que estábamos buscando se había levantado y había llegado al final de la cañada donde lo estaban esperando. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no hubiese ido mucho más lejos, estaba herido de muerte, si no lo hubiésemos levantado se hubiese quedado en el sitio.

Nos reunimos todos al final de la cañada y efectivamente era un gran trofeo, mucho no se equivocó James, hicimos una primera medida de campo y se aproximó a 383 SCI, un verdadero bicho.

Volvimos a la casa, abrimos unas cervezas y nos contamos mil y una batallitas. Mientras tanto Damian, el cocinero, preparaba gamo en salsa con puré de patas y manzana, uno de los mejores manjares que he probado hasta ahora en cuanto a carne de caza se refiere… Disfrutamos la cena con un buen vino y nos fuimos a la cama contentos, aunque no nos había dado tiempo a ver la berrea habíamos echado un rato muy bueno.

Al día siguiente nos levantamos bien temprano, a las 5.30 estábamos tomando un café para calentar motores. La mañana se despertó con niebla, aunque empezaban a despuntar las primeras luces, tendríamos que esperar un poco a que levantara.

Pasado un buen rato, Harald, Chris y yo nos subimos en el pequeño 4x4, prismáticos en mano, con James al volante dispuesto a enseñarnos algunos buenos rincones de la finca. La reserva se compone de dos zonas cercadas, una de 6.000ha, y la segunda de 4.000ha donde la tarde anterior habíamos estado buscando el venado. Las dos fincas están repletas de animales de una calidad impresionante, la gran cantidad de comida, la masa boscosa que tiene y la buena gestión cinegética han conseguido elevar la calidad de las reses hasta el tope de los rankings mundiales, Wanganui Safaris  está entre las cinco reservas más importantes en Nueva Zelanda, no solo por calidad sino por la pureza genética de los animales.

A unos cinco minutos de carril llegamos al primer mirador, los primeros rayos de sol directo se entrelazaban con la niebla que iba levantando poco a poco, las luces y colores te dejaban perplejo, parecían efectos especiales.

Esperamos un poco y cuando empezamos a poder darle forma a los llanos que teníamos a unos 600 metros, nos dimos cuenta de que estaban llenos de animales careando. Infinidad de gamos, gamas, carneros de Arapawa en unos riscos a nuestra izquierda, algunas ciervas, pero… simplemente un par de venados de unas doce puntas. Decidimos entrar en las 6.000ha, pasamos el portón y subimos hasta otro mirador a unos diez minutos de carril. Paramos a un par de cientos de metros del mirador, en la vertiente contraria, anduvimos y nos tumbamos en una mesetilla. Debajo de nosotros había una planicie a unos 250 metros, de nuevo llena de animales, sobretodo hembras, estuvimos esperando algo de berrea, pero James nos dijo que los últimos tres días había subido un poco la temperatura y no estaban muy calientes. Los siguientes diez minutos estuvimos allí sin mediar palabra, repasando cada animal que localizábamos, simplemente espectacular.

Ya al momento de levantarnos, justo en el filo del bosque con el llano vemos moverse un arbusto de manea un tanto violenta. Tan violenta que cuando nos dimos cuenta teníamos otro buen bicho delante frotando la cuerna con los arbustos. Nos quedamos fríos, el bicho era precioso, James dijo que llegaría a 370 SCI fácilmente. Cual fue la sorpresa que a los dos minutos apareció otro de las mismas características, ahí andando por el filo del bosque, tranquilo y elegante mirando a todas partes.

Después de disfrutarlos, preferimos no seguir y no presionar más a los animales, es el momento de su celo y el comienzo de la temporada.

De camino a la casa pudimos ver un par de buenos gamos, estos mucho más esquivos y rápidamente se metían en la espesura. Llegamos a la casa, nos tomamos un café y le dimos mil gracias a James por habernos hecho disfrutar de esa manera, una pena que la berrea aún no estaba fuerte.

Una vez en el lodge, James quiso darnos las gracias por encontrar el trofeo de gamo la tarde anterior, nos pidió que lo dejásemos para decorar la casa y él a cambio nos daría un buen venado para decorar nuestra oficina de Palmerston, el trato estaba hecho, lo acompañamos y nos regaló una cabeza que se habían encontrado el año anterior, 25 puntas y un perlado precioso… a los tres días lo teníamos preparado y listo para decorar nuestra sede, un buen bicho que aún está esperando a que lo midamos, en nuestra siguiente newsletter os comunicaremos cual es la puntuación.

 
 
 

 

Un saludo y buenos tiros.

Miguel Gómez Sel
Land of Dreams Ltd.


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