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Sonrisas y lágrimas (2013/14) Primera parte

Sonrisas y lágrimas (2013/14) Primera parte

Enviado por Francisco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure el 22-09-2014

Ya se nos había olvidado la presencia de ese macho a los dos cuando en una encina pegada al puesto se dieron cita una bandada de rabilargos. Nunca me había pasado, sí sabía de oídas sobre su molestia...
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1. El Marqués maleducado

El primer puesto del año presentaba todas las trazas para ser un buen comienzo. Llegado al mediodía, con el tiempo justo de almorzar y cambiarme, subimos a la sierra y me quedé en un carril con Marqués... mucho por decir en su tercer celo. Con la ciclogénesis ya pasada, el sol y una brisa fresca se adueñaron de la tarde y Marqués trabajó lo justo y necesario en el tanto... Y no tenía excusa, un macho se había dejado oír a mis espaldas al poco rato de colgarlo, y el enjaulado mostró poco interés en buscar batalla con él...

Ya se nos había olvidado la presencia de ese macho a los dos cuando en una encina pegada al puesto se dieron cita una bandada de rabilargos. Nunca me había pasado, sí sabía de oídas sobre su molestia, pero hay que sufrirlo en persona para saber lo pesados que pueden ser estos pájaros si se nos acercan al puesto. Perfectamente visibles, unos posados y otros dando pasadas alrededor de la plaza y el puesto, me contuve como pude para no hacer alguna barbaridad y acabar con el guirigay que tenían formado.

Desde la tronera, los veía volar muy pegados al suelo, y siendo tantos, al menos ofrecían una distracción ante el desesperante silencio de Marqués. Sin embargo, cosas del ojo humano, un movimiento me hizo activar la alerta entre tanto rabilargo, y sorprendido, pude ver a la collera enfilando el carril para ir a pasar por delante de las mismas barbas de Marqués. Sin hacer ningún honor a su nombre, con toda la poca vergüenza del mundo, no se dignó a recibir a la visita como se merecía, y, haciéndose el loco, prefirió seguir mirando la puesta de sol, mientras yo veía perderse el par entre las jaras del margen del carril.

La sentencia estaba muy cercana, la prueba de fuego había sido bastante clara y solo la carencia de buenos pájaros permitió a Marqués salir al campo una vez más. Esa siguiente vez, conmigo en el puesto también, con un tanto de monte hecho en un chaparro, volvió a escuchar campo y volvió a desentenderse del tema, dando por terminada su andadura en nuestro equipo. Una pena, pero esta caza es así y el tanto es el chivato que te revela quien debe, o no, permanecer en el jaulero.

2. Albaserrada, la revelación

Regalo de Matías, ya daba por seguro que este pájaro tendría cosas interesantes que ofrecer. De segundo celo sin haber salido al campo, mi padre me animó a llevármelo al primer puesto de mañana a ver qué nos salía. Con un día apacible, el sol brillando y ni rastro de la ventisca ya pasada, le preparé a Albaserrada un tanto de monte en un chaparrillo, a los que me he aficionado este año. Con el puesto en un pegote de jaras, comprobé la estabilidad para el tiro y destapé a Albaserrada.

Tieso como una vela, comenzó unas series dando de pie, sin llegar a rematar reclamando. El campo le contestaba animoso, y tras un rato de sondear opciones, un macho parecía decidirse a acudir desde mis espaldas hacia el tanto. Cada vez más cercano, llegué a escucharlo a poco más de 2 metros, pero a la hora de la verdad no quiso comparecer y comenzó a alejarse. Sin descomponerse, Albaserrada enmendó la figura y era otro macho el que ahora le pedía cuentas desde mi derecha.

Abusaba del dar de pie, pero no desfallecía y mi interés era que pudiera entrarle alguna collera de la zona. Por eso, cuando el segundo macho tampoco pareció querer coles, y vi en el reloj que ya llevábamos 2 horas y media de puesto, me resistí a salirme. Mi padre cuelga siempre después de soltarme a mi, eso me da margen de alargar un puesto más de la cuenta si lo veo necesario. Por ello seguí observando con paciencia a Albaserrada, que estaba dando un puesto bastante esforzado siendo su primera vez.

Tras una callada, comenzó a trabajar a sus espaldas, donde un manchón de jaras y chaparros no me dejaban ver. De repente, sin dar ni los buenos días, la pareja se presentó en la plaza y Albaserrada comenzó a recibirlos con alegría.

La actitud del macho y las plumas ahuecadas me daban la seguridad de poder esperar para decidir, así que sin ninguna prisa comencé a examinar al novicio. Era evidente que su recibo era con el macho, la hembra deambulaba de aquí a allá, pero el macho parecía clavado al pie del chaparro y Albaserrada le echaba coraje al asunto. Tras un buen rato de vueltas de la hembra y pelea de los machos, esperé a que la señora se tapara con las jaras, apunté al galán, de espaldas a mi, eché un vistazo de reojo a Albaserrada, recibiendo con todas las de la ley, y la morena del 12 ejecutó.

Hecho un trapo, a los pies de Albaserrada, su primer tiro, su primer macho, y yo no cabía en el puesto de felicidad. Pero aún quedaba historia y Albaserrada cargaba el tiro mientras la hembra reclamaba esperando que su consorte la acompañara a marcharse de aquel lugar, que no parecía haberle gustado desde el momento en que llegó. Aunque trabajó, incluso tuvo alguna collera más cerca, a las 3 horas 38 minutos de reloj me apiadé de él y consideré que era más que suficiente. Sin haberme dado tiempo más que a taparlo, mi padre me silbó de lejos y le dije que se acercara. Tras el abrazo de rigor, le conté con todo detalle lo ocurrido, examinó el pelotazo del tiro y me dio la enhorabuena, que en todo caso era merecida por Albaserrada, se había portado de 10.

Tras este puesto, Albaserrada salió dos tardes más con mi padre, cosechando una hembra en cada una. Esta temporada los machos cantaban mucho pero se quedaban en las lindes de la plaza, y fueron las hembras las que iban entrando con más ánimo arrastrando en alguna ocasión a sus parejas.


Continuará......


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