De pajareo

De pajareo, es un blog de caza inspirado fundamentalmente en la cetrería y la caza de la perdiz con reclamo, las grandes deconocidas por el grueso de los cazadores. Blog de Fco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure.

  • Ninguna como ésta… o de cómo perder doce años en un instante (II)

    Enviado por Fco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure el 01-12-2011 >> 421 visitas y 0 comentarios

    El celo aprieta, y no sólo a los que habitan en jaulas. Todo cuquillero se siente enjaulado cuando los reclamos y las camperas están en pleno apogeo para iniciar la guerra y por circunstancias de la vida uno no puede darles rienda suelta en el campo...

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  • De cómo perder doce años en un instante

    Enviado por Fco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure el 01-11-2011 >> 424 visitas y 1 comentarios

    La afición por el reclamo, pasión inigualable, se transforma en ocasiones en un duro penar para llegar a alcanzar el grado de conocimientos y experiencia que anhelamos. Éste relato viene a ser ejemplo, para los que nos iniciamos en esto, de que nadie nace sabiendo y hay que superar malos tragos para llegar a saborear esta modalidad en todo su esplendor. 

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  • Tu legado sigue vivo

    Enviado por Fco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure el 04-08-2011 >> 160 visitas y 0 comentarios

    Él fue hombre de costumbres añejas y campestres. Tras la revisión diaria de los campos de labor, olivares… a lomos de «Avión», se entregaba con la misma pasión a los manojos de espárragos que a birlarle unos kilos de caracoles al arroyo, si el clima era propicio...

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  • La primera faena

    Enviado por Fco Álvaro Ruiz de Guzmán-Moure el 25-07-2011 >> 307 visitas y 0 comentarios

    La mañana era fría. Ese fue mi primer pensamiento cuando mi padre me agitó el brazo para despertarme, tarea poco fácil con un marmota como yo, y más con el poco aguante que atesoraba a mis 6 años. El primer contacto del agua fría con mi cara me sacó de un profundo sueño que se me marchó en cuanto comprendí que ese día iba al «puesto» en vez de a clase. Me vestí en la salita mientras mi padre hacía lo propio y iba apañando la escopeta, portátil, tanto, asientos… Una vez bien abrigado me permitió salir a la terraza, no sin antes haber ensayuelado a «Finito», por aquel entonces dueño y señor del altar en nuestro no demasiado extenso jaulero.

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